Yo era de esas personas algo reticentes a entrar de lleno en este mundo que llaman “groundswell”. Aunque las tecnologías siempre me han atraído, el hecho de contactar o reunirme virtualmente con otras personas, obviando la relación “de toda la vida” (o sea, presencialmente, por teléfono, y más recientemente, por sms o correo electrónico, pero siempre con conocidos con los que ya había hablado previamente) me parecía incoherente con mi formación, y sobretodo con mi manera de ser.
Siempre he creído (y lo sigo creyendo), que lo mejor es el contacto directo con el otro, sea por temas personales o profesionales: me gusta percibir la actitud de mi interlocutor, su estado de ánimo, sus gestos y las miradas que acompañan lo que dice, la entonación de su voz, las emociones que subyacen a su discurso hablado.
Pero hace ya algún tiempo Cristina y Ladis me convencieron. “Debes estar ahí”, decían, “ya es el presente y además, con toda seguridad, el futuro”.
Y me lancé… descubriendo, por ejemplo, algunas redes sociales como Facebook, LinkedIn, Xing,… que son (por intentar compararlos con algo parecido) como los antiguos forum o ágora donde la gente se encuentra, está al tanto de lo que hace el otro, organiza grupos o iniciativas “privadas” e invita a sus participantes, incluso se ofrecen trabajo o colaboran para poner en marcha proyectos profesionales conjuntos. 
Y qué decir de Delicious, la “otra” biblioteca, en la que puedo guardar mis direcciones web favoritas clasificadas obedientemente, tanto de temas de trabajo como relacionados con mis aficiones o intereses personales. Y, además, puedo consultar aquellas páginas favoritas de mis socios, que navegan por la red de manera mucho más efectiva y prolífica que yo.
Todo esto, bien planteado, puede tener interesantes aplicaciones para la comunicación interna de la empresa, la gestión del conocimiento, e incluso para la mejora de la participación de los colaboradores y por tanto, del clima laboral.

Lo más “humano”, para mí, de todo este proceso de descubrimiento: he vuelto a encontrarme (virtualmente, por supuesto) con antiguos compañeros de trabajo e incluso del instituto y la escuela, que creía perdidos. La gran distancia en el tiempo y, en muchos casos, en el espacio, queda ahora minimizada por la facilidad de acercamiento con estas nuevas plataformas.
Ahora ya soy otro miembro fiel de, al menos, una parte de este “groundswell”… Y lo recomiendo a los que todavía no se han atrevido. Con la prudencia debida, pero sin miedo. De verdad.
Para saber más:
